jueves, 22 de enero de 2009

De amor y de cerveza

Mi primera intervención es un homenaje a Berlín y tratará sobre una leyenda antigua aunque muy actual. Hablaré de Gambrinus, algunos le conoceréis pero TODOS le habéis visto, pese a la estupefacción que ahora mismo intuyo en vuestras caras. Él era un joven aprendiz de vidriero, de origen flamenco, que desgraciadamente se enamoró de la hija de su jefe, chica preciosa y altanera que ante sus requiebros lo rechazó cruelmente. El jovenzuelo no soportó la desdicha y se le agrió el carácter, llegando incluso a insultar a su amada y molerla a palos. Por todo ello fue encerrado en una prisión y, tras ser liberado un mes más tarde, sin trabajo, sin amor y con el rechazo de la gente de la aldea, se dirigió solo al bosque con el propósito de suicidarse. En ese preciso momento, poco antes de consumar su fatal acto, oyó una voz oportuna que le decía:

- El orgullo de una mujer no es motivo de suicidio.

Ese viejo era el diablo y propuso entregarle el corazón de la chica a cambio de su alma. El joven aceptó y de repente se convirtió en un gran músico y bailarín. Sin embargo, ante la chica siguió fracasando. Entonces, viendo la firmeza de la muchacha, el diablo le prometió que si no la conseguía, al menos haría que la olvidase. Gambrinus volvió a aceptar y el demonio le regaló el don de triunfar en el juego, por lo cual se convirtió en una persona extremadamente rica aunque asimismo desdichada al no dejar de pensar en su amor.

Finalmente el viejo diablo le enseñó un nuevo arte todavía desconocido para la humanidad: el arte de la elaboración de la cerveza. Por medio de ésta se convirtió en una persona más rica y célebre todavía, tanto que su fama cruzó las fronteras, y el rey de Flandes lo nombró duque. No obstante prefirió ser conocido como el rey de la cerveza y como tal ha pasado a la historia. Su retrato, de hecho, lo podéis ver cada vez que compráis una Cruzcampo.

Cuenta la leyenda que durante una fiesta vino su querida Flandrine y que él iba tan borracho que ni siquiera la reconoció. La cerveza lo curó definitivamente de su maldito amor y siguió viviendo feliz, llegan a contar, unos 70 años más. Se dice incluso que emborrachó al diablo para no entregarle su alma y que en vez de en un atáud se le enterró en un tonel. Sea verdad o no lo incuestionable es que nos dejó un legado inolvidable.

4 Putos comentarios:

Nachete dijo...

Que beeee, que be..

Y la del ron? Seguro que tb es culpa de una mujer.. ;)

Javier dijo...

Buen legao nos dejó. Lástima que no todos los desamores tengan esos frutos.

Hermann dijo...

me ha encantado la fábula, aunque puede tener alguna lectura un poquito radical como:

malos tratos+intento de suicidio+alcoholismo = felicidad+larga vida

impaciente por la del ron!!

Vier dijo...

Crema d'història, sí senyor. Totes putes, tota l'estona.